El poder sanador del silencio

El cerebro humano procesa diariamente unos 60.000 pensamientos, de los cuales el 94% se repiten y el 80% son negativos. Tenían  que  ser  negativos para  poder  sobrevivir  en la  era  primitiva  frente  a  amenazas  salvajes por  todos  lados. Sin  embargo,  hoy  en día, este formato  primitivo  de nuestra  naturaleza cerebral nos  causa  mucho  ruido y  ese  ruido  no  nos permite tener la  anhelada tranquilidad y quietud  mental  que todos  deseamos. Muchas  personas, sin  saber, pudieran pensar que  el  silencio, o  su  práctica, pueda  ser  lo  más  aburrido  del mundo, pero, puedo  asegurar,  que  es un viaje al interior que puede  transformar  vidas.

Encontrar calma y un momento de reflexión son, en  nuestros  tiempos,  verdaderas  medicinas para  una  cultura  cada  vez más  adicta  al hacer  y  alejada  del  ser.  Cómo  aquietar  nuestra  mente y  cómo  parar  el  ruido  incesante  de nuestra  cabeza es algo  que  hace  miles  de años ya  los  antiguos  sabios  de  oriente lo  han cultivado a  través  de la  meditación.

En las  practicas milenarias  como el  Yoga, a través de las  posturas o asanas inmóviles, se  dice  que  son el silencio  de nuestro  cuerpo, y  además  a través  de esta  práctica  corporal,  nos  preparamos  para una  contemplación de nuestro paisaje  mental.  Si  usted  ha  participado  de una  práctica de  Yoga, recordara  que  cuando  el instructor nos  pide  concentrarnos  en  nuestro  cuerpo  y  sus  sensaciones, lo  primero que  notamos  es lo  difícil  que  es  desconectar  nuestra  atención de los  incesantes  pensamientos. Lo  fantástico  está,  en  que  cuando  conectas  con tu  postura  corporal y   tus sensaciones de la  respiración, sin  darte  cuenta, tu  mente queda  por  así  decirlo, en  silencio.

Esto  también  aplica  a las  prácticas  de Chikung y Taichi, es  el primer  paso  hacia una  salud  mental  fantástica.  Siempre  y  cuando  sea  una  práctica  bien  guiada, con  respeto  a nuestros  límites  físicos, con  mucha  gentileza, tocando nuestro  cuerpo  con suavidad y  con mucha  sensibilidad,  ya  que  estas  posturas  no son un fin, sino  un  medio,  por  el  cual  nos  preparamos  para  la contemplación  de nuestra  mente.  Esto  es muy  importante, porque  muchas de las  enfermedades provienen  de mentes  ruidosas,  que  están  constantemente  pensando  y  repensando  lo mismo, alimentando expectativas, deseos y  creencias limitantes que  nos  impiden  crecer, y desarrollarnos. Una  mente  agitada, fuera  de control, proclive a  ataques  de furia, ansiedad, celos y  arrogancia en un abrir y  cerrar  de  ojos puede  arruinar vidas. El  Dalai lama  dice: “El verdadero origen de los  problemas  está dentro  de nosotros. Nuestros  enemigos internos son  nuestras  propias  tendencias destructivas”. Quizás, lo más importante de  estas  reflexiones, es que  si no cultivamos  el  silencio, o  este  espacio  reflexivo, en nuestras  vidas es  muy  difícil  ver  con claridad y  poder  disfrutar o  saborear  de  cada  instante  presente de nuestras  vidas. Namaste

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