La trampa de negar la realidad

A veces cuando las situaciones de la  vida son realmente difíciles, refugiarse  en la negación de la  realidad  y vivir  un  mundo  paralelo  en  nuestra  propia  realidad  mental, puede  ser  un alivio.

Sin embargo, esta trampa de nuestra  mente  no cambia  la  situación, y  en  el  momento  menos  esperado,  la  realidad  se impone. Hace  ya  algunos  años  el psicólogo Dan Kiley, en 1983, observó que algunos de sus pacientes se negaban a aceptar las responsabilidades de la edad adulta y, al parecer, su estado psíquico y su comportamiento se encontraban estancados en la adolescencia, o sea, no alcanzaban la madurez psicológica y no eran capaces de desenvolverse en la vida sin la ayuda o el apoyo emocional de otras personas. En general, se desentendían de las exigencias del mundo real y eran incapaces de conseguir una estabilidad en la vida real.  Si  llevamos  esto  a un  plano  adaptativo, imagina que  nos  encontráramos  con un tigre  gigante, al verlo, nos  diríamos: “no  creo  que  sea un animal  malo y  no  creo  que  me  ataque. Lo ignorare”. ¡Jamás diríamos eso!, seriamos el almuerzo del tigre.

Sin embargo, no reaccionamos de la misma manera con el resto de las situaciones de nuestra vida. Cuando algo no nos gusta, nos decepciona o entristece, simplemente  lo ignoramos y  ponemos en marcha el mecanismo de negación y  nos  refugiamos  en nuestro  mundo  mental.

Generalmente este mecanismo se pone en marcha por dos motivos: 1. Porque nos aferramos a unas ideas rígidas que no queremos cambiar o, 2. Porque no contamos con los mecanismos psicológicos necesarios para afrontar la situación.

Y  acá,  esta  una  primera  conclusión: “Negar las  cosas,  no  cambia  la  realidad”. Por muy  desagradable  que  sean  las  emociones que  estén  generando  alguna  situación, es preferible, pagar el precio del dolor, al no negar la realidad, que pagar la inmensa factura y con intereses de negarla. Desde  el punto  de vista  de  la  sabiduría  oriental,  se  nos  dice  que  lo  más  terrible, es  que  este  estado  de la  mente, es inconsciente,  no  te  das  cuenta, es  un habito  que  genera  mucho  sufrimiento  en el  ser humano. De hecho, el psiquiatra alemán Fritz Kunkel dijo que: “ser maduro significa encarar, no evadir, cada nueva crisis que viene”.  Estar  en una  zona  donde  evitamos  todo,  lo que  sea  incómodo  y  doloroso, generará  una  incapacidad  futura  de  afrontar  la  realidad,  tal y como  es,   y  no  como  yo  quiero. Baja  tolerancia al  dolor  y la  frustración, son  signos  de  que  no  sea ha  alcanzado  una  madurez  aceptable  psicológicamente. Algo  ha sucedido que  no se  fortalecieron músculos  vitales  para  poder  afrontar  la  vida real.

Contar  con los  mecanismos  para  enfrentar  las  situaciones  difíciles  es  un desafío, y a veces,  se  requieren  ciertos  músculos importantes  mentalmente. Si  negar es  el  demonio, aceptar  es  el  ángel, la  aceptación,  es una  súper  cualidad que nos permite dejar  ir los  juicios, las  críticas, las comparaciones, las  expectativas infecundas, es  empezar  a  dejar  el  ruido  mental, para  entrar  en un  estado  de mayor  quietud  y  claridad  en nuestra  mente. Hay  una  hermosa  frase que  dice: La aceptación  es hacer  las paces  con la  realidad.

Namaste.

1 Comentario

  1. Margarita González Morales
    13 de junio de 2022 - 21:05

    Muy interesante

    Reply

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