Verde: la clorofila mendocina que le da vida a tu cuerpo

Las verduras y frutas verdes tienen toda la energía del sol y de la tierra. En su color hay tantas vitaminas, que deberíamos consumirlas a diario.

Las frutas y verduras verdes son la clave de una dieta sana, rica en fibras y con muchas vitaminas y minerales. Los verdes, llenos de clorofila, contienen vitaminas A, C, B, E y K, además de minerales como el calcio y el hierro.

La vitamina K es excelente para la visión, huesos y dientes. Algunos de los vegetales verdes tienen también los carotenoides luteína y zeaxantina, que ayudan a prevenir las cataratas y enfermedades de los ojos, así como la osteoporosis.

Su color denota vida y clorofila, llamada la sangre de las plantas. Consumir esta energía tiene muchos beneficios:

• Desintoxica y oxigena nuestras células

• Es una fuente extraordinaria de vitaminas y minerales de digestión fácil.

• Mejora la circulación sanguínea, depura los intestinos, riñones e hígado.

• Ayuda a equilibrar el metabolismo.

• Es un suplemento alimenticio que tiene una gran actividad desodorizante.

• Ayuda a eliminar los olores provocados por la transpiración.

• Es un excelente antioxidante, ayuda a evitar el deterioro prematuro de las células, por lo que se le considera rejuvenecedor.

• Nutre y fortalece el sistema circulatorio e intestinal.

• Combate la anemia por su alto contenido de hierro.

• Disminuye de forma significativa el colesterol.

¿Qué podemos consumir en esta época?

Entre los verdes están los espárragos y los alcauciles, pero en época invernal encontramos a precios más económicos en verdulerías estos vegetales:

Brócoli: protege frente al cáncer y es riquísimo en vitamina C: una ración de 200 g cubre las necesidades diarias de un adulto; además, tiene muy pocas calorías. Se pueden hervir y mezclar con pastas, usar en tartas y o preparar al horno con queso y salsa blanca.

Coles de Bruselas: ricas en fibras, ayudan a depurar el organismo y a oxigenarlo mejor. Quedan ricas al vapor y en guisos

Kale: este superalimento tiene además más calcio que la leche. Se puede preparar en el horno con un chorrito de aceite y queda crujiente y delicioso.

Lechuga. Es rica en vitaminas y betacaroteno, por lo que ayuda a tener buena visión. Como todas sus compañeras, aporta fibras. Se `puede consumir en ensaladas o caliente, en buñuelos.

Acelgas y espinacas: ideales para tartas y tortillas. Las pencas blancas se pueden utilizar para prepararlas rebozadas.

Albahaca: ayuda a reducir el estrés. Incorporala en pastas, ensaladas y pizzas y con queso ricota.

Pimientos: es una hortaliza rica en vitamina C, ya que con 100 g casi se obtiene el total óptimo, de 60 mg al día. Se pueden incorporar a todos los guisos, preparar asados o usar para recetas como arroz con pollo.

Repollo: rico en fibra, regula el tránsito intestinal y da buen sabor a caldos, guisos y ensaladas.

¿Cómo prepararlos?

Si tenés niños que no comen verdes o en tu casa no están acostumbrados, hay recetas muy fáciles para incorporarlo a tu dieta.

La clásica es la tarta de acelga o espinaca: simplemente se mezclan en trocitos con queso, dos huevos, sal, pimienta y cebolla y se pone en el horno.

Pero también se pueden batir los verdes en cualquier salsa y poner dentro de un tuco, de una crema o de una sopa.

En verduras como el kale solo basta con probar. Un golpe de horno con aceite deja unos exquisitos snacks con consistencia crujiente.

Cuidado al lavarlas

Todas las verduras de hoja, como acelga o lechuga, deben ser lavadas de forma individual, descartando las exteriores que estén feos o de otro color. Lo ideal es luego sumergirlos en agua con vinagre, o en agua con una cucharadita de lavandina y dejar reposar. Luego se debe escurrir, volver a lavar y secar con un repasador o un secador de hoja verde.

Verduras de consistencia firme: su limpieza está garantizada lavándolas bajo el chorro de agua fría. Si hace falta, se pueden frotar suavemente “los pliegues” con un cepillo

Las coles: para variedades como el brócoli y la coliflor, o para vegetales frágiles, lo mejor es dejarlas sumergidas en agua durante un par de minutos. A continuación, basta con enjuagarlas bien con un chorro de agua, directamente bajo el grifo, y finalmente secarlas.

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